ALEX SAHORES
VICTORIA BRAUNSTEIN
RUBEN CIPOLLA
GABY TERZANO
EDUARDO SMUDT
SANDRO BORGHINI
LUCIA ABBATE
MALVINA FERNANDEZ
ANA SLONINSKY
PAT AMODEI
SUSANA OVIEDO
SONIA PESAJOVICH
CARLOS FORD
MARITA SALAS
VERÓNICA EGGERS
1. Por la mañana
Todo es lindo. El viaje compartido, la charla. Llegar. El hotel elegido por mi coequiper en esta ocasión, primera vez sin mi hermana en la salida. En fecha cercana al 25 de mayo obtuve mi autonomía en el clan de croquiseros. Estreno sensaciones.
La ciudad ordenada y limpia abunda en lugares donde detenerse, curiosear, sacar fotos.
Elijo una casa histórica frente a la plaza libertad con un jardincito precioso y concurrido por grupete de dibujantes. Con la alegría de la experiencia aquí, jocosas nos sacamos fotos en los distintos espacios, conversamos de la vida y nos retrotraemos a las infancias.
Alumnos de la escuela visitan el lugar. Una de las acompañantes de los niños se acerca a observar y fotografiar lo que hacen quienes dibujan. Ante un comentario del tipo "no vale la pena" o "vas a perder el tiempo acá" ella responde ¿por qué los artistas siempre se tiran abajo? Bueno para pensarnos. Quizás los artistas, seres sensibles, aprovechamos para vehiculizar nuestras inseguridades, darle forma y hermosearlas.
2. Por la tarde
Atravieso, recorro el pueblo. A la hora de la siesta parece dormido. Sus calles remolonean en la ausencia de transeúntes. Silencio. Una nube negra sigue su camino. En cada cuadra algún detalle la obliga a una a detenerse. Llego a La Laguna. Los 15 bancos a su orilla están vacíos. Se escuchan los patos. Ahora entiendo el sonido del llamador.
Detrás mío un alma transgresora pasa corriendo con sus auriculares. Me encanta estar acá, sentada, escribiendo ante este espejo de agua desmesurado, inabarcable. Pero algo de envidia surge en mí al ver ese trote liviano realizado cotidianamente, esa rutina en este paisaje.
Ahora el agua se llenó de pliegues. Sea cual sea su forma y color, me enamora. La naturaleza sana. El agua lava.
Una receta para vivir feliz
Sábado 10.30 hs
Salí a esta fresca mañana de sábado festivo en el pueblo. El frío casi golpeándome la cara, obligándola a despabilarse. Aunque la niebla que aún lo cubría todo, convertía el lugar en un paisaje de ensoñación.
A poco más de una cuadra las casas, los árboles se borroneaban. De la laguna ni noticias. El sol, que tímidamente quiere hacerse presente en esta jornada, se encargará de despejar la bruma y definir los contornos.
Tímidamente vamos llegando al punto de encuentro, un poco adormilados aún, arrastrando la modorrita de haber salido hace poco de entre sábanas, las mías suaves, además calentitas.
Siempre los saludos, el recorrido por el lugar, la sorpresa ante el tronco de un árbol, la admiración por el amarillo ginkgo biloba, y, entre los trinos de los pájaros, las voces de los croquiseros. Entusiastas, curiosos, eligen estar al sol en su mayoría para instalarse, luego de dar un breve paseo por el museo pampeano.
Y así arranca esta segunda jornada croquisera, que coincide con la fiesta aniversario número 247 de Chascomús
Domingo 11 hs
Último día. Tres de tres. Llego al punto de encuentro: la vieja estación de tren.
Ya hay al menos una decena de dibujantes absortos en su tarea. Yo voy llegando de a poco. Me siento liviana. Mi arte requiere de pocos elementos: papel lapicera y sobre todo inspiración.
Podría darme tristeza una estación de tren abandonada, o casi. Al menos en desuso. Que significa uno de los retrocesos de este país. Quedarse sin trenes.
Pero el paisaje que me ofrecen estos arquitectos o artistas en sus banquitos o quizás sentados en una gruesa raíz, sobre las vías, o ubicados en los cuatro puntos cardinales, que ofrecen todos una vista rica para quienes la saben apreciar, dan otra perspectiva a la escena.
Observo los dos vagones de madera. Parecen desesperados por contar su historia. Abriré los oídos, o los sentidos más bien, para que, estando atenta me llegue ese relato.
Mientras me distraigo mirando las vías. Toman diferentes direcciones, se entrecruzan. El andén queda en el medio, y a su lado, estas guías de hierro que marcan un camino. Un camino que se abre, se cierra, se tuerce, se desvía (des-vía vendrá de ahí?) Que direccionan, dan un sentido. Y pienso, cómo uno en busca de sentido puede ir recorriendo, modificando la ruta, el mapa, a veces conduciendo, a veces dejándose llevar por lo que se presenta. Pero me deja pensando que quizás lo más importante es que no se te pase el tren de la vida. Y que cada momento se perciba, se imprima en la existencia, sea de lo que elegimos o no, que nos enriquezca, y siempre estemos despiertos, con los sentidos aguzados para apreciar este regalo que nos fue dado.